Título: La colina de las amapolas
Director: Goro Miyazaki
País: Japón
Año: 2011
Género: Animación, Drama
Opinión personal
Japón, años 60. Umi, la protagonista de esta historia, vive en una casa en lo alto de una colina cercana a la costa, junto con su abuela y sus hermanas, además de algunas inquilinas, pues la vivienda, de estilo occidental, funciona de hostal. En ausencia de su madre, que está trabajando en América y viene solo en vacaciones, la adolescente administra el hostal, desde el que se divisa el mar.
La chica compagina sus responsabilidades con la vida escolar. Un día conoce a Shun, miembro del club de periodismo, y a Shiro, presidente del consejo de estudiantes. Cuando no están en clase, ambos chicos están en el Quartier Latin, un viejo edificio que alberga diferentes asociaciones estudiantiles, del que los dos son representantes. Umi junto con una amiga van a este lugar por un recado, y descubren que, para desgracia de sus miembros, la dirección del instituto quiere demoler esta especie de centro cívico o casa de la cultura que para muchos jóvenes es más que un símbolo, convirtiéndose casi en su segundo hogar.
(Me encantó este sitio por dentro, casi deseé que existiera de verdad).
Cuando se entera de que el querido edificio tiene los días contados, a Umi se le ocurre algo: tiene la teoría de que, si lo limpian y lo adecentan en profundidad (pues está atestado de polvorientas cajas de archivos antiguos, trastos ya inservibles, suciedad y telarañas), tal vez consigan convencer a la dirección para que paren su derribo, previsto para dentro de poco, y decidan conservarlo.
Contagiados por su entusiasmo, todos deciden arrimar el hombro y se ponen manos a la obra. Es en estos días cuando entre Umi y Shun empieza a forjarse una bonita amistad (y algo más que eso). Pero el descubrimiento de un inesperado secreto del pasado podría mandar al traste todas sus ilusiones.
La colina de las amapolas es quizá de las pelis más desconocidas de Studio Ghibli. Yo al menos no la tenía en mi radar. Y la verdad, cuando me animé a verla no sabía muy bien qué me encontraría, ni siquiera tenía muchas expectativas. Y luego, al final, me dije... ¡¿Cómo he tardado tanto en ver esta maravilla?! Porque no solo me encantó, sino que se ha convertido en una de mis favoritas del icónico estudio nipón. Mi favorita al menos de su director hasta la fecha.
Y hablando de su director, no tiene que ser nada fácil destacar en algo siendo tu padre el gran Hayao Miyazaki, el genio de la animación, pues hagas lo que hagas siempre estarán ahí las inevitables comparaciones. Y sin embargo, para mí, esta joya está por encima de obras del padre (como su reciente El chico y la garza, El viento se levanta y otras cuantas).
Visualmente es preciosa, con unos paisajes bucólicos y una animación detallada y elegante. Y luego están sus personajes, divididos entre el deseo y las obligaciones, llenos de conflictos propios de la edad. Y ese mensaje que en muchas ocasiones se pone de relieve (de las cosas que más me gustaron), sobre ese intento de tratar de conservar lo antiguo, de preservar el valor de las tradiciones sanas, cuando la modernidad parece que va apoderándose de todo.
100% recomendada.














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