Autor: Ken Follett
Páginas: 1.179
Año de edición: 2007
Género: Histórica y aventuras
Opinión personal
Hace ya un par de semanas que lo terminé, y sus personajes todavía rondan mi cabeza... Me temo que de por vida. ¿Cómo hacer una reseña de tal obra maestra? Difícil, harto difícil, pero haré el intento.
Muchos os preguntaréis, ¿supera a su predecesor, el grandioso Los pilares de la Tierra?... Desde mi punto de vista, sí. Un sí rotundo. Tiene lo mejor de este (personajes rabiosamente reales, tramas apasionantes y una ambientación de época magistral y muy cercana), pero más pulido, sin toda la parte descriptiva que por momentos puede llegar a enlentecer. En este Un mundo sin fin he sentido que el autor iba más al grano, introduciéndome en una vorágine de acontecimientos intensos ya desde sus primeras páginas.
No os dejéis abrumar por sus muchas páginas. Creedme si os digo que una vez iniciada su lectura no podréis parar. No decae el ritmo en ningún momento, toda una hazaña por parte del autor teniendo en cuenta su extensión.
¿Es necesario leer antes Los pilares de la Tierra?, pensaréis algunos.
No.
Salvo alguna que otra mención a personajes de su archiconocida antecesora, es una historia independiente, con la particularidad de que se desarrolla en la misma ciudad ficticia (Kingsbridge) siglo y medio más tarde.
La historia empieza con cuatro personajes muy concretos:
Gwenda, hija de un ladrón, cuya existencia mísera hace que te encariñes con ella rápidamente.
Caris, hija de un mercader de lana de muy buena posición, una niña excepcional con deseos de convertirse en doctora (algo solo apto para los hombres), cuya rebeldía hacia la Iglesia y todo sistema de poder establecido la llega a poner en serios aprietos.
Merthin, descendiente de un linaje de caballeros caído en desgracia, un chico inteligente y sensible, cuya mirada visionaria, adelantada a su época, lo llevará a lograr grandes proezas.
Y Ralph, un joven violento, vengativo y cruel, hermano menor de Merthin, aunque mayor en complexión física y el orgullo de su padre.
Todo arranca con una escena en el seno de un bosque, cuando los cuatro se adentran de forma fortuita entre juegos y bromas. Es allí donde un acontecimiento tiene lugar, marcando el curso de la historia, un misterio que no se desvelará, ¡atención!, hasta que lleguemos al final del libro.
Pero lo importante de verdad irá ligado al futuro de estos cuatro personajes, entre otros más, que los iremos viendo crecer y madurar a lo largo de sus vidas.
Viviremos amor, viajes, misterio, batallas, el azote de la peste, infidelidades y traiciones, sexo, conspiración, ambiciones secretas... en una aventura trepidante que nos agarrará para no soltarnos.
He sufrido con los amores imposibles de Merthin y Caris, y Gwenda y Wulfric (un tozudo campesino que pierde las tierras que siempre han pertenecido a su familia, enamorado a su vez de Annet, su antigua prometida). Mientras leía y era testigo de la tórrida relación de una de estas dos parejas llenas de altibajos, pensando que nada superaría lo leído, el siguiente capítulo, centrado en la otra pareja, me parecía más interesante y adictivo todavía, alternando unas historias con otras, estrechamente entrelazadas con la suerte de otros personajes y otras tramas.
Luego tiene secundarios de lujo, increíbles, a los que les cogí mucho cariño, pero mis favoritos sin duda han sido tres:
-Edmund, padre de Caris. Bonachón y de buen corazón, protector con los suyos, dividido a veces entre dos hijas que no se soportan.
-Mattie, curandera y amiga de Caris, respetada por la mayoría de ciudadanos, y acusada por algunos de herejía.
-Thomas, un caballero convertido con los años en monje, que guarda el mayor secreto de todo el libro.
En el lado opuesto, he llegado a odiar a...
-Ralph, por llevar a cabo las actos más perversos y crueles.
-Philemon, hermano de Gwenda, un tipo codicioso y sin escrúpulos que empieza a ascender mediante argucias en la escala eclesiástica.
-Cecilia, la priora de un convento, que aunque no es mala en sí y sus intenciones son buenas, detesté su cabezonería para obligar a otros (los escogidos por ella) a que siguieran su causa.
Cuando hace unas pocas semanas me enteré de que el autor había venido aquí a Sevilla para documentarse para su tercera novela, esa con la que cerrar así la gran trilogía, me entusiasmé mucho.
Pero volviendo a Un mundo sin fin, no quiero contar nada de la trama porque merece la pena ir descubriéndola por vosotros mismos. ¿Qué puedo decir de Ken Follett, el rey indiscutible del culebrón histórico, salvo que lo ha vuelto a hacer? Otra vez ha hecho uso de su magia para narrar una historia ambiciosa, épica y adictiva. En mi caso me volvió a conquistar.
Siento que sus personajes me acompañarán a partir de ahora, imborrables y muy queridos.
El libro que hoy os recomiendo no es que esté entre mis mejores lecturas del año, sino entre los contados favoritos de una vida lectora. Imprescindible.
Muchos os preguntaréis, ¿supera a su predecesor, el grandioso Los pilares de la Tierra?... Desde mi punto de vista, sí. Un sí rotundo. Tiene lo mejor de este (personajes rabiosamente reales, tramas apasionantes y una ambientación de época magistral y muy cercana), pero más pulido, sin toda la parte descriptiva que por momentos puede llegar a enlentecer. En este Un mundo sin fin he sentido que el autor iba más al grano, introduciéndome en una vorágine de acontecimientos intensos ya desde sus primeras páginas.
No os dejéis abrumar por sus muchas páginas. Creedme si os digo que una vez iniciada su lectura no podréis parar. No decae el ritmo en ningún momento, toda una hazaña por parte del autor teniendo en cuenta su extensión.
¿Es necesario leer antes Los pilares de la Tierra?, pensaréis algunos.
No.
Salvo alguna que otra mención a personajes de su archiconocida antecesora, es una historia independiente, con la particularidad de que se desarrolla en la misma ciudad ficticia (Kingsbridge) siglo y medio más tarde.
La historia empieza con cuatro personajes muy concretos:
Gwenda, hija de un ladrón, cuya existencia mísera hace que te encariñes con ella rápidamente.
Caris, hija de un mercader de lana de muy buena posición, una niña excepcional con deseos de convertirse en doctora (algo solo apto para los hombres), cuya rebeldía hacia la Iglesia y todo sistema de poder establecido la llega a poner en serios aprietos.
Merthin, descendiente de un linaje de caballeros caído en desgracia, un chico inteligente y sensible, cuya mirada visionaria, adelantada a su época, lo llevará a lograr grandes proezas.
Y Ralph, un joven violento, vengativo y cruel, hermano menor de Merthin, aunque mayor en complexión física y el orgullo de su padre.
Todo arranca con una escena en el seno de un bosque, cuando los cuatro se adentran de forma fortuita entre juegos y bromas. Es allí donde un acontecimiento tiene lugar, marcando el curso de la historia, un misterio que no se desvelará, ¡atención!, hasta que lleguemos al final del libro.
Pero lo importante de verdad irá ligado al futuro de estos cuatro personajes, entre otros más, que los iremos viendo crecer y madurar a lo largo de sus vidas.
Viviremos amor, viajes, misterio, batallas, el azote de la peste, infidelidades y traiciones, sexo, conspiración, ambiciones secretas... en una aventura trepidante que nos agarrará para no soltarnos.
He sufrido con los amores imposibles de Merthin y Caris, y Gwenda y Wulfric (un tozudo campesino que pierde las tierras que siempre han pertenecido a su familia, enamorado a su vez de Annet, su antigua prometida). Mientras leía y era testigo de la tórrida relación de una de estas dos parejas llenas de altibajos, pensando que nada superaría lo leído, el siguiente capítulo, centrado en la otra pareja, me parecía más interesante y adictivo todavía, alternando unas historias con otras, estrechamente entrelazadas con la suerte de otros personajes y otras tramas.
Luego tiene secundarios de lujo, increíbles, a los que les cogí mucho cariño, pero mis favoritos sin duda han sido tres:
-Edmund, padre de Caris. Bonachón y de buen corazón, protector con los suyos, dividido a veces entre dos hijas que no se soportan.
-Mattie, curandera y amiga de Caris, respetada por la mayoría de ciudadanos, y acusada por algunos de herejía.
-Thomas, un caballero convertido con los años en monje, que guarda el mayor secreto de todo el libro.
En el lado opuesto, he llegado a odiar a...
-Ralph, por llevar a cabo las actos más perversos y crueles.
-Philemon, hermano de Gwenda, un tipo codicioso y sin escrúpulos que empieza a ascender mediante argucias en la escala eclesiástica.
-Cecilia, la priora de un convento, que aunque no es mala en sí y sus intenciones son buenas, detesté su cabezonería para obligar a otros (los escogidos por ella) a que siguieran su causa.
Cuando hace unas pocas semanas me enteré de que el autor había venido aquí a Sevilla para documentarse para su tercera novela, esa con la que cerrar así la gran trilogía, me entusiasmé mucho.
Pero volviendo a Un mundo sin fin, no quiero contar nada de la trama porque merece la pena ir descubriéndola por vosotros mismos. ¿Qué puedo decir de Ken Follett, el rey indiscutible del culebrón histórico, salvo que lo ha vuelto a hacer? Otra vez ha hecho uso de su magia para narrar una historia ambiciosa, épica y adictiva. En mi caso me volvió a conquistar.
Siento que sus personajes me acompañarán a partir de ahora, imborrables y muy queridos.
El libro que hoy os recomiendo no es que esté entre mis mejores lecturas del año, sino entre los contados favoritos de una vida lectora. Imprescindible.






