Autor: Mariela González
Páginas: 511
Año de edición: 2016
Género: Fantástico
Opinión personal
Muy buenas!! Aquí nos tenéis de vuelta. ¿Qué tal os está resultando ese caluroso verano?
El libro que hoy os traigo está a medio camino entre la Fantasía y la Narrativa. ¿Por qué digo esto? Pues porque el mundo que Mariela, su autora, aborda entre sus páginas, es un mundo bien reconocible en el que se intuye, por lo que se nos da a entender, que ese componente mágico (fenómenos, criaturas, seres de leyenda...) hace tiempo que se esfumó. O eso se nos hace creer, pues algo de esa antigua época de superchería y prodigios sobrenaturales aún queda en pequeñas dosis, más allá de los cuentos de viejas y las canciones de los bardos, para aquel con la capacidad suficiente para ver donde nadie osa mirar.
Existen algunos magos, antiguo vestigio que todavía se resiste a desaparecer, pero estos han dado paso a una nueva generación de alquimistas y... "científicos". Una palabra todavía reciente que poco a poco va haciéndose un hueco entre la cultura popular. Sin embargo, como digo, las apariencias engañan y arcanos secretos continúan agazapados entre los recónditos rincones todavía inexplorados.
El hilo de esta historia está conducido por Keith el Cojo, un tipo que intenta abrirse paso en este difícil mundo. Un mensajero.
Podría decirse que el libro está estructurado en 4 partes o novelas cortas. Cada historia es independiente, contando una aventura propia, y al mismo tiempo es un todo continuado, pues los hechos van repercutiendo en la trama general y en la personalidad de nuestro protagonista. Os paso a hablar de cada una de ellas:
-La larga espera.
Esta primera aventura sirve casi de prólogo o presentación no solo de este mundo pseudofantástico, sino del protagonista. En ellla se nos cuenta cómo Keith el Cojo, apodado así por un accidente de juventud, reaparece en escena tras un largo tiempo a la sombra, preso en una cárcel. No sabemos qué motivos lo llevaron allí, pero seguro que su deslenguada boca y su descarada sinceridad tuvieron algo que ver.
Un primo suyo lo alienta a alistarse al Milano, una de las principales y más importantes Casas de mensajería. Conoceremos a su jefa, quien desde el primer momento se nos muestra misteriosa y esquiva o parca en palabras con Keith; razón de más para que le llame la atención nada más conocerla.
Una vez contratado como mensajero, rápidamente se mete en problemas y, dado su espíritu aventurero, su vida da un giro de 180 grados.
"En los caminos se forjan historias. Unas llegan a las tabernas flotando como polvo en el viento, otras pasan de boca en boca entre los mercaderes o los viajeros solitarios. Pero algunas, las mejores, solo las conocen los mensajeros."
Me gustó ese halo de cuento que tiene el final, con cierto toque fantasmal, aunque me supo a poco.
-La ciudadela.
En esta segunda parte, Keith el Cojo ha afianzado su valía como mensajero, ganándose la confianza de Ravza, su jefa; personaje a quien conoceremos más personalmente, pues la trama de esta aventura tiene que ver con su hermano desaparecido hace años. Tanto a uno como a otra, el destino los llevará hasta la casa de La Tortuga, otro de los principales enclaves de mensajería (con los años venido a menos), rival de El Milano desde hace mucho, situado en una ciudad costera, y cuyo ladino líder guarda información importante sobre la misión que nuestros protagonistas llevan a cabo. Desde allí sus azarosos pasos los conducirán a un sitio insólito del que no hablaré para no restar sorpresa.
Sin duda es la historia que menos me ha gustado (quizá también la más fantasiosa), aunque esto no significa que no sea intrigante ni entretenida.
-Los hijos del olvido.
La trama de esta parte gira en torno a un enigmático niño ciego que aparece en El Milano pidiendo ayuda. Pueblos enteros se ven espoleados a abandonar su tierras. Apenas nadie consigue sacarles algo a estos desesperados viajeros, conocer qué está pasando, qué los lleva a campar sin rumbo dejando atrás sus vidas, y claro, las especulaciones, la desinformación y el pánico empiezan a extenderse como la pólvora. No obstante, y esto pocos lo saben, en este peculiar niño reside la clave de todo.
"Lágrimas de ceniza, de profecías, de plegarias del fin de los tiempos. Voces de bardos que gimen y se desesperan arrancándose los cabellos. Lanzas enhiestas en un campo de batalla desolado, la tierra de los muertos y los huesos. Gritos de viudas ante un féretro vacío, llantos de huérfanos a los que alimentará el odio."
Quizá esta historia sea menos extensa que las anteriores, pero para mí (cuestión de gustos) es donde el libro adquiere cierto dinamismo y se lee solo. Como curiosidad, he de admitir que nunca he sido muy fan de las criaturas mitológicas que aparecen en esta parte (no diré cuáles), y la autora, virtuosa en el arte de narrar, ha conseguido hasta que me gusten. Me quito el sombrero.
"Los antiguos dvanir, se decía, no enterraban bajo tierra a sus muertos, sino que los montaban en barcas funerarias, cargados de alhajas y los objetos que habían amado en vida (...). En algún momento de su infancia le había parecido siniestro. Ahora, por vez primera, entendía la belleza de aquel ritual póstumo. No podía haber lecho que se comparase al abrazo del mar. Perderse en él era como fundirse con el cielo y la tierra al mismo tiempo. Con la vida entera."
-El Desfiladero.
En este último tramo el protagonismo recae en Mark, uno de los hijos de nuestro mensajero. Sí, ha pasado el tiempo y el Cojo ha formado su propia familia. Cuando a Keith le detectan el Ojo de la Bruja (una enfermedad mortal de la que poco se sabe, pero que ya se ha empezado a cobrar las primeras vidas en la región), su hijo no duda en emprender un peligroso viaje en busca de una misteriosa cura de la que ha oído hablar, pero sin muchas garantías de que esta en verdad exista.
Para ello se asocia con Los Ratones, un grupo de mercenarios encubiertos, que usa la identidad de una compañía de teatro como tapadera. Mientras tanto, el miedo a esta nueva plaga y a sus extraños síntomas (pues aún no se sabe cómo se transmite) tienen a las poblaciones inmersas en un constante flujo de cuchicheos y habladurías.
"Cualquier mensajero que se precie sabe que los rumores son un enemigo al que no se puede vencer. Un enemigo que no necesita pararse a comer o a dormir, que cabalga con el viento y es tan mutable y peligroso como éste."
En esta angustiosa misión, pues cada día que pasa es una contrarreloj por llegar a tiempo para salvar a su padre, uno de los personajes que más me han gustado es Thorval, uno de los varios mercenarios que acompañan a Mark, que forja un vínculo especial con el muchacho y hasta le enseña el antiguo oficio de la cetrería, consiguiendo que grajos adiestrados manden mensajes a sitios lejanos.
Irónicamente, pues el personaje central con el que empezamos el libro apenas tiene protagonismo aquí, ha sido la aventura que más he disfrutado.
Recuerdo que este libro me llamó por la portada. Lo primero que me entró por los ojos. Luego el que la autora fuera paisana me atrajo todavía más. Es un libro que se toma su tiempo en contar sus diferentes historias, como un buen guiso cocido a fuego lento, y que va de menos a más. Al final acabas cogiéndole cariño a los personajes, pero si algo tengo que destacar, por encima de la propia historia, es la maravillosa pluma de Mariela, que de forma sencilla y a la vez elaborada consigue que todo resulte fluido y en ocasiones hasta poético.
Solo lo recomendaría a aquellos que os guste la literatura fantástica, a pesar, insisto, de que el mundo creado aquí sea más cercano al del medievo que al fantástico, una época atemporal con sabor a cuento donde los mensajeros cabalgan durante días para entregar sus cartas y paquetes, armados, eso sí, con un buen puñal o espada, pues los caminos están plagados de rufianes y malhechores.
El libro que hoy os traigo está a medio camino entre la Fantasía y la Narrativa. ¿Por qué digo esto? Pues porque el mundo que Mariela, su autora, aborda entre sus páginas, es un mundo bien reconocible en el que se intuye, por lo que se nos da a entender, que ese componente mágico (fenómenos, criaturas, seres de leyenda...) hace tiempo que se esfumó. O eso se nos hace creer, pues algo de esa antigua época de superchería y prodigios sobrenaturales aún queda en pequeñas dosis, más allá de los cuentos de viejas y las canciones de los bardos, para aquel con la capacidad suficiente para ver donde nadie osa mirar.
Existen algunos magos, antiguo vestigio que todavía se resiste a desaparecer, pero estos han dado paso a una nueva generación de alquimistas y... "científicos". Una palabra todavía reciente que poco a poco va haciéndose un hueco entre la cultura popular. Sin embargo, como digo, las apariencias engañan y arcanos secretos continúan agazapados entre los recónditos rincones todavía inexplorados.
El hilo de esta historia está conducido por Keith el Cojo, un tipo que intenta abrirse paso en este difícil mundo. Un mensajero.
Podría decirse que el libro está estructurado en 4 partes o novelas cortas. Cada historia es independiente, contando una aventura propia, y al mismo tiempo es un todo continuado, pues los hechos van repercutiendo en la trama general y en la personalidad de nuestro protagonista. Os paso a hablar de cada una de ellas:
-La larga espera.
Esta primera aventura sirve casi de prólogo o presentación no solo de este mundo pseudofantástico, sino del protagonista. En ellla se nos cuenta cómo Keith el Cojo, apodado así por un accidente de juventud, reaparece en escena tras un largo tiempo a la sombra, preso en una cárcel. No sabemos qué motivos lo llevaron allí, pero seguro que su deslenguada boca y su descarada sinceridad tuvieron algo que ver.
Un primo suyo lo alienta a alistarse al Milano, una de las principales y más importantes Casas de mensajería. Conoceremos a su jefa, quien desde el primer momento se nos muestra misteriosa y esquiva o parca en palabras con Keith; razón de más para que le llame la atención nada más conocerla.
Una vez contratado como mensajero, rápidamente se mete en problemas y, dado su espíritu aventurero, su vida da un giro de 180 grados.
"En los caminos se forjan historias. Unas llegan a las tabernas flotando como polvo en el viento, otras pasan de boca en boca entre los mercaderes o los viajeros solitarios. Pero algunas, las mejores, solo las conocen los mensajeros."
Me gustó ese halo de cuento que tiene el final, con cierto toque fantasmal, aunque me supo a poco.
-La ciudadela.
En esta segunda parte, Keith el Cojo ha afianzado su valía como mensajero, ganándose la confianza de Ravza, su jefa; personaje a quien conoceremos más personalmente, pues la trama de esta aventura tiene que ver con su hermano desaparecido hace años. Tanto a uno como a otra, el destino los llevará hasta la casa de La Tortuga, otro de los principales enclaves de mensajería (con los años venido a menos), rival de El Milano desde hace mucho, situado en una ciudad costera, y cuyo ladino líder guarda información importante sobre la misión que nuestros protagonistas llevan a cabo. Desde allí sus azarosos pasos los conducirán a un sitio insólito del que no hablaré para no restar sorpresa.
Sin duda es la historia que menos me ha gustado (quizá también la más fantasiosa), aunque esto no significa que no sea intrigante ni entretenida.
-Los hijos del olvido.
La trama de esta parte gira en torno a un enigmático niño ciego que aparece en El Milano pidiendo ayuda. Pueblos enteros se ven espoleados a abandonar su tierras. Apenas nadie consigue sacarles algo a estos desesperados viajeros, conocer qué está pasando, qué los lleva a campar sin rumbo dejando atrás sus vidas, y claro, las especulaciones, la desinformación y el pánico empiezan a extenderse como la pólvora. No obstante, y esto pocos lo saben, en este peculiar niño reside la clave de todo.
"Lágrimas de ceniza, de profecías, de plegarias del fin de los tiempos. Voces de bardos que gimen y se desesperan arrancándose los cabellos. Lanzas enhiestas en un campo de batalla desolado, la tierra de los muertos y los huesos. Gritos de viudas ante un féretro vacío, llantos de huérfanos a los que alimentará el odio."
Quizá esta historia sea menos extensa que las anteriores, pero para mí (cuestión de gustos) es donde el libro adquiere cierto dinamismo y se lee solo. Como curiosidad, he de admitir que nunca he sido muy fan de las criaturas mitológicas que aparecen en esta parte (no diré cuáles), y la autora, virtuosa en el arte de narrar, ha conseguido hasta que me gusten. Me quito el sombrero.
"Los antiguos dvanir, se decía, no enterraban bajo tierra a sus muertos, sino que los montaban en barcas funerarias, cargados de alhajas y los objetos que habían amado en vida (...). En algún momento de su infancia le había parecido siniestro. Ahora, por vez primera, entendía la belleza de aquel ritual póstumo. No podía haber lecho que se comparase al abrazo del mar. Perderse en él era como fundirse con el cielo y la tierra al mismo tiempo. Con la vida entera."
-El Desfiladero.
En este último tramo el protagonismo recae en Mark, uno de los hijos de nuestro mensajero. Sí, ha pasado el tiempo y el Cojo ha formado su propia familia. Cuando a Keith le detectan el Ojo de la Bruja (una enfermedad mortal de la que poco se sabe, pero que ya se ha empezado a cobrar las primeras vidas en la región), su hijo no duda en emprender un peligroso viaje en busca de una misteriosa cura de la que ha oído hablar, pero sin muchas garantías de que esta en verdad exista.
Para ello se asocia con Los Ratones, un grupo de mercenarios encubiertos, que usa la identidad de una compañía de teatro como tapadera. Mientras tanto, el miedo a esta nueva plaga y a sus extraños síntomas (pues aún no se sabe cómo se transmite) tienen a las poblaciones inmersas en un constante flujo de cuchicheos y habladurías.
"Cualquier mensajero que se precie sabe que los rumores son un enemigo al que no se puede vencer. Un enemigo que no necesita pararse a comer o a dormir, que cabalga con el viento y es tan mutable y peligroso como éste."
En esta angustiosa misión, pues cada día que pasa es una contrarreloj por llegar a tiempo para salvar a su padre, uno de los personajes que más me han gustado es Thorval, uno de los varios mercenarios que acompañan a Mark, que forja un vínculo especial con el muchacho y hasta le enseña el antiguo oficio de la cetrería, consiguiendo que grajos adiestrados manden mensajes a sitios lejanos.
Irónicamente, pues el personaje central con el que empezamos el libro apenas tiene protagonismo aquí, ha sido la aventura que más he disfrutado.
.....
Recuerdo que este libro me llamó por la portada. Lo primero que me entró por los ojos. Luego el que la autora fuera paisana me atrajo todavía más. Es un libro que se toma su tiempo en contar sus diferentes historias, como un buen guiso cocido a fuego lento, y que va de menos a más. Al final acabas cogiéndole cariño a los personajes, pero si algo tengo que destacar, por encima de la propia historia, es la maravillosa pluma de Mariela, que de forma sencilla y a la vez elaborada consigue que todo resulte fluido y en ocasiones hasta poético.
Solo lo recomendaría a aquellos que os guste la literatura fantástica, a pesar, insisto, de que el mundo creado aquí sea más cercano al del medievo que al fantástico, una época atemporal con sabor a cuento donde los mensajeros cabalgan durante días para entregar sus cartas y paquetes, armados, eso sí, con un buen puñal o espada, pues los caminos están plagados de rufianes y malhechores.


