Autor: Seumas O´Kelly
Páginas: 77
Año de edición: 2010
Género: Narrativa
Opinión personal
Creo recordar que fue en el blog Las Inquilinas de Netherfield donde vi este libro. Y, qué queréis que os diga, sentí una especie de flechazo al conocer un poco sobre su historia. Tenía que leerlo.
Mortimer Hehir, el tejedor de un pequeño pueblo irlandés, ha muerto. Su viuda, bastantes años más joven que su difunto esposo, llega a Cloon na Morav (el Prado de los Muertos), el antiguo cementerio del pueblo. Un camposanto lúgubre y ancestral, destartalado y casi abandonado (pues ya hay otro nuevo cementerio desde hace algunos años), donde únicamente las familias más antiguas del lugar tienen derecho a ser enterradas.
Pero con la mayoría de lápidas ya desgastadas por el tiempo, con muchos de sus nombres y fechas casi borrados, el sitio para enterrar a su difunto marido (la tumba del padre de este, de su abuelo, y un largo linaje del clan de los tejedores) se antoja todo un enigma. Ni los jóvenes sepultureros (dos hermanos gemelos que han heredado el oficio de su padre) saben dónde podría estar el sitio exacto.
Para ello piden ayuda a Cahir Bowes, el picapedrero, y Meehaul Lynskey, el fabricante de clavos, dos de los más ancianos de la zona, para que con sus conocimientos puedan hallar la tumba que buscan y zanjar tan engorroso y triste asunto cuanto antes. Pero, cuando este par de vejestorios entran en escena, la cosa se lía y, lo que parecía que iba a resolverse rápido, se va alargando más y más, enredándose todo con las disputas de estos carcamales y su afán de quedar uno por encima del otro.
"Los dos viejos se pasearon por Cloon na Morav sin ninguna prisa por concluir su encargo. Al fin y al cabo llevaban mucho tiempo retirados, olvidados, abandonados por el mundo. Nada había más precioso para ellos que la sensación de volver a sentirse útiles. Sabían que, cumplido su encargo, era poco probable que en este mundo nadie volviese a requerir su ayuda. Estaban dispuestos a servir al mundo, pero el mundo debía permitir que se tomaran su tiempo. El mundo, constituido por los dos sepultureros y la viuda del tejedor, dedujo todo aquello sin necesidad de palabras. Lenta, casi mecánicamente, siguieron a los dos viejos por Cloon na Morav. Y los dos ancianos se paseaban con el esfuerzo de la edad y el corazón de un niño. Se separaban, iban en silencio de acá para allá como encontrándose con viejos conocidos, descubriendo cosas olvidadas, reuniendo los hilos de los días pasados, reviviendo sus recuerdos, y luego se juntaban de nuevo y se ponían a cuchichear, casi con naturalidad, y toda la conversación giraba en torno a los muertos, a la gente que yacía bajo tierra a su alrededor. Se fueron entusiasmando, hicieron alarde de sus conocimientos, citaron nombres, describieron las difíciles relaciones familiares, contaron anécdotas, resucitaron todas las virtudes, citaron en voz baja antiguos vicios, antiguos vicios que ya no parecían tales (...). Así susurrados, los escándalos de Cloon na Morav eran vistos por los sepultureros gemelos y la viuda del tejedor a través de una niebla de antigüedad tan espesa que ya no eran escándalos sino historias románticas."
Siento la parrafada, pero es para que os hagáis una idea de cómo escribe su autor. Con un estilo muy sencillo y certero, disecciona a sus personajes con una cercanía asombrosa. A mí desde luego me ha conquistado su narrativa.
Para los que nunca antes habíais oído hablar de este autor (como era mi caso hasta hace poco), Seumas O´Kelly es uno de los escritores irlandeses más relevantes del siglo XX. Pese a su prematura muerte a los 38 años, tras un enfrentamiento con unos soldados británicos cuando era responsable del Nationality, el periódico del Sinn Fein, O´Kelly dejó un legado literario que comprende varias obras de teatro, dos novelas y cuatro libros de relatos.
La tumba del tejedor es un recorrido tragicómico, cargado de interesantísimas reflexiones, por la vida de unos personajes secundarios que, irónicamente, ensombrecen al propio protagonista; el fallecido tejedor, del que conoceremos detalles de forma muy vaga a través del recuerdo de aquellos que lo conocieron en vida. Un relato largo o novela corta que se lee en nada, y que nos habla de la vejez, la vida y la muerte, de las miserias y grandezas humanas, pero sobre todo de la memoria, tan caprichosa y quebradiza, y a la vez tan importante.
Antes de terminar, me gustaría hacer una mención especial a Malachi Roohan, uno de esos personajes que pasan de largo por una historia sin intención de quedarse mucho, pero que dejan huella; grotesco y decrépito, por momentos lleno de coraje, por momentos asustadizo, tipo admirable por su determinación a la hora de aferrarse a esa cuerda de la vida.
No puedo contaros más porque es muy cortito. Por la parte que me toca, me he quedado con muchas ganas de volver a repetir con el autor. Literatura de la buena, este tipo de joyitas que te recuerdan por qué el placer de leer es algo tan gratificante y evocador.
Mortimer Hehir, el tejedor de un pequeño pueblo irlandés, ha muerto. Su viuda, bastantes años más joven que su difunto esposo, llega a Cloon na Morav (el Prado de los Muertos), el antiguo cementerio del pueblo. Un camposanto lúgubre y ancestral, destartalado y casi abandonado (pues ya hay otro nuevo cementerio desde hace algunos años), donde únicamente las familias más antiguas del lugar tienen derecho a ser enterradas.
Pero con la mayoría de lápidas ya desgastadas por el tiempo, con muchos de sus nombres y fechas casi borrados, el sitio para enterrar a su difunto marido (la tumba del padre de este, de su abuelo, y un largo linaje del clan de los tejedores) se antoja todo un enigma. Ni los jóvenes sepultureros (dos hermanos gemelos que han heredado el oficio de su padre) saben dónde podría estar el sitio exacto.
Para ello piden ayuda a Cahir Bowes, el picapedrero, y Meehaul Lynskey, el fabricante de clavos, dos de los más ancianos de la zona, para que con sus conocimientos puedan hallar la tumba que buscan y zanjar tan engorroso y triste asunto cuanto antes. Pero, cuando este par de vejestorios entran en escena, la cosa se lía y, lo que parecía que iba a resolverse rápido, se va alargando más y más, enredándose todo con las disputas de estos carcamales y su afán de quedar uno por encima del otro.
"Los dos viejos se pasearon por Cloon na Morav sin ninguna prisa por concluir su encargo. Al fin y al cabo llevaban mucho tiempo retirados, olvidados, abandonados por el mundo. Nada había más precioso para ellos que la sensación de volver a sentirse útiles. Sabían que, cumplido su encargo, era poco probable que en este mundo nadie volviese a requerir su ayuda. Estaban dispuestos a servir al mundo, pero el mundo debía permitir que se tomaran su tiempo. El mundo, constituido por los dos sepultureros y la viuda del tejedor, dedujo todo aquello sin necesidad de palabras. Lenta, casi mecánicamente, siguieron a los dos viejos por Cloon na Morav. Y los dos ancianos se paseaban con el esfuerzo de la edad y el corazón de un niño. Se separaban, iban en silencio de acá para allá como encontrándose con viejos conocidos, descubriendo cosas olvidadas, reuniendo los hilos de los días pasados, reviviendo sus recuerdos, y luego se juntaban de nuevo y se ponían a cuchichear, casi con naturalidad, y toda la conversación giraba en torno a los muertos, a la gente que yacía bajo tierra a su alrededor. Se fueron entusiasmando, hicieron alarde de sus conocimientos, citaron nombres, describieron las difíciles relaciones familiares, contaron anécdotas, resucitaron todas las virtudes, citaron en voz baja antiguos vicios, antiguos vicios que ya no parecían tales (...). Así susurrados, los escándalos de Cloon na Morav eran vistos por los sepultureros gemelos y la viuda del tejedor a través de una niebla de antigüedad tan espesa que ya no eran escándalos sino historias románticas."
Siento la parrafada, pero es para que os hagáis una idea de cómo escribe su autor. Con un estilo muy sencillo y certero, disecciona a sus personajes con una cercanía asombrosa. A mí desde luego me ha conquistado su narrativa.
Para los que nunca antes habíais oído hablar de este autor (como era mi caso hasta hace poco), Seumas O´Kelly es uno de los escritores irlandeses más relevantes del siglo XX. Pese a su prematura muerte a los 38 años, tras un enfrentamiento con unos soldados británicos cuando era responsable del Nationality, el periódico del Sinn Fein, O´Kelly dejó un legado literario que comprende varias obras de teatro, dos novelas y cuatro libros de relatos.
La tumba del tejedor es un recorrido tragicómico, cargado de interesantísimas reflexiones, por la vida de unos personajes secundarios que, irónicamente, ensombrecen al propio protagonista; el fallecido tejedor, del que conoceremos detalles de forma muy vaga a través del recuerdo de aquellos que lo conocieron en vida. Un relato largo o novela corta que se lee en nada, y que nos habla de la vejez, la vida y la muerte, de las miserias y grandezas humanas, pero sobre todo de la memoria, tan caprichosa y quebradiza, y a la vez tan importante.
Antes de terminar, me gustaría hacer una mención especial a Malachi Roohan, uno de esos personajes que pasan de largo por una historia sin intención de quedarse mucho, pero que dejan huella; grotesco y decrépito, por momentos lleno de coraje, por momentos asustadizo, tipo admirable por su determinación a la hora de aferrarse a esa cuerda de la vida.
No puedo contaros más porque es muy cortito. Por la parte que me toca, me he quedado con muchas ganas de volver a repetir con el autor. Literatura de la buena, este tipo de joyitas que te recuerdan por qué el placer de leer es algo tan gratificante y evocador.




