Título: Los diarios de Tony Lynx. El libro del poder
Autor: Miguel Griot
Páginas: 101
Año de edición: 2018
Género: Juvenil
Opinión personal
Hoy os traigo un libro que seguro que ya muchos conocéis. Yo al menos hubo una época en que lo veía a menudo por algunos blogs a los que sigo, y qué queréis que os diga, me llamaba poderosamente. Hasta que, finalmente, tuve la suerte de que me tocara en un sorteo.
La trama no se anda con rodeos, va directa al grano, como debe ser en este tipo de género. La propia sinopsis nos pone en antecedentes sobre lo que nos encontraremos entre sus páginas.
La historia empieza en Londres, en un día lluvioso y gris. Nuestro protagonista, Tony Lynx, ve en el periódico un anuncio que rápidamente llama su atención: al parecer, el famoso arqueólogo Leopold Abbey ha desaparecido misteriosamente en su último viaje, su paradero es un enigma. Su hija Rose ofrece una suculenta recompensa a quien la ayude a encontrarlo.
Es la oportunidad de Tony para demostrar sus dotes detectivescas. Sin pensarlo dos veces, se presenta en casa de la señorita Rose Abbey para ofrecer su ayuda, pero antes nuestro protagonista deberá pasar una serie de pruebas y demostrar que vale para el puesto, donde otros que también se presentaron fallaron.
Para ello, nosotros los lectores deberemos echarle un cable y poner en práctica nuestras habilidades de observación y deducción, pues el libro además de contarnos una historia, nos va intercalando la narración con ilustraciones. En cada ilustración deberemos resolver un acertijo, fijándonos bien en cada detalle. Y al pasar la página se nos revelará la solución, descubriéndonos así si hemos acertado, si nos hemos acercado aunque solo sea un poco o si hemos errado de forma estrepitosa. Por lo que, mi consejo, no os precipitéis. Es un libro para tomarse con calma.
Ya de entrada, deberemos ayudar a Tony a descubrir posibles pistas en el estudio del arqueólogo desaparecido, o en su librería personal, para intentar resolver hacia qué lejano sitio del mundo partió.
Este será el punto de partida. Desde aquí, iniciaremos un viaje lleno de misterios y peligros acompañando a Rose y a Tony, siguiendo un rastro que parece desvanecerse si no nos damos prisa, a través de exóticos países y de personajes que conocían al viejo profesor Abbey; unos nos ayudarán en la medida de sus posibilidades, mientras otros querrán desentenderse, viendo en nuestros protagonistas una fuente de problemas.
Debo reconocer que hubo 3 o 4 acertijos que se me resistieron, pero en general se me dio bien ir resolviéndolos. Los hay sencillos, otras de dificultad media, y algunos que me parecieron algo más rebuscados, pero en definitiva está todo muy bien hilado. El libro se me ha antojado una mezcla entre las historias de Sherlock Holmes (por lo deductivo), Indiana Jones (por ese inconfundible toque aventurero) y ¿Dónde está Wally? (por la cantidad de detalles tan maravillosa de sus ilustraciones).
La narración es sencilla pero muy cuidada, haciéndola accesible tanto a niños como a adultos. Aunque el libro está recomendado para lectores de todas las edades (creo que los más mayores lo disfrutaríamos más).
Respecto a las ilustraciones, me quito el sombrero. Me parece que tienen un estilo desenfadado, ideal para los más pequeños, pero llevadas a un nivel de detallismo muy logrado.
Una de las cosas que más me gustaron fue que, en ocasiones, el libro te hace dudar de tus propias conclusiones, y te recomienda ir hacia atrás en busca de evidencias que, quizá en un principio, te pasaron desapercibidas; es entonces cuando se te queda una cara de tonto, y te sonríes, y te dices... "Vaya, pero si tenía la solución ante mis ojos y no me había dado ni cuenta".
No sé vosotros, pero en mi caso creo que no había leído algo tan interactivo, que te hiciera participar tanto, estrujarte el coco, usar la lógica... y que a su vez fuese tan ameno y entretenido, sacando al niño que llevas dentro. Como resultado me parece una propuesta muy trabajada, alabo la dedicación y el mimo con el que está hecho este libro, celebro que en mi país haya gente con estos niveles de ingenio y buen hacer.











