Director: James Wan
País: Estados Unidos
País: Estados Unidos
Año: 2013
Género: Terror
Sinopsis
Basada en hechos reales. Narra los encuentros sobrenaturales que vivió la familia Perron en su casa de Rhode Island a principios de los 70. Ed y Lorraine Warren, investigadores de renombre en el mundo de los fenómenos paranormales, acuden a la llamada de una familia aterrorizada por la presencia en su granja de un ser maligno.
Opinión personal
Cuando hablamos de terror pensamos en un cine casposo, como de segunda, que se plagia una vez tras otra. Aunque a veces, muy de cuando en cuando, nos encontramos con esos contados alfileres en el enmarañado pajar cinéfilo.
La recomendación que hoy os traigo será agradecida por los fans de este género, pues hablar de Wan es sinónimo de calidad, un director sobradamente ya conocido por su sobresaliente estela (Saw o Insidious 1 y 2). De hecho, en lo que a terror paranormal se refiere me atrevo a decir con total seguridad que es lo mejor que ha hecho (Saw no entraría en esta categoría), y una de las mejores películas de terror de la década.
No es la primera vez que una historia parecida se lleva a la pantalla, ni será la última, sin embargo, es en la manera que se nos cuenta donde el director consigue hacernos partícipes de ella desde los primeros planos, sobrecogiéndonos con sutiles ángulos sombríos, poniéndonos la piel de gallina con sonidos de pesadilla en secuencias aparentemente cotidianas. A veces con el solo silencio, uno de los grandes protagonistas en su obra.
Hoy en día ya no se hace cine de terror como el de antaño, ese que acojonaba, que con un presupuesto ridículo paría verdaderas joyas, pesadillas para el recuerdo de un buen cinéfilo. Creo que James Wan es un digno sucesor de ese cine de antes, y pese a su corta trayectoria, un auténtico maestro capaz de crear algo genuino dentro de su campo, algo que, a diferencia de la mayoría de pelis del género, que a la semana de visionarse ya ha quedado en el olvido, trasciende en el tiempo, pues sus películas perduran en la memoria. Y en su buen hacer, siempre elegante, Expediente Warren es un claro ejemplo de ello.
En ella la fotografía y los efectos sonoros (algo que para hacer cine de terror es elemental) se conjugan con un dominio tan fluido y natural que, incluso en secuencias a plena luz del día, hará que en más de una ocasión peguemos un brinco o nos sintamos angustiados. Nos alertarán del peligro, nos distraerán como a niños pequeños una y otra vez, llevando nuestra atención a pormenores secundarios para, cuando creíamos que lo peor ya había pasado, agarrarnos de repente el corazón para acelerar nuestro pulso del susto, engañándonos pese a ser perros viejos en este tipo de cine.
La historia comienza contándonos uno de los muchos casos del matrimonio Warren, experto en cruentos sucesos paranormales, en concreto el de la muñeca Annabelle (supuestamente poseída por un espíritu maligno), y a la que la película dedica unos 5 o 10 minutos.
Debo decir que ya solo esta parte acojona.
Y este es solo uno de los muchos casos. A continuación se nos introduce en el caso actual, donde la madre de una familia atormentada y desesperada acude en su ayuda para que visiten su casa y vean con sus ojos lo que allí ocurre.
Las actuaciones debo decir que son sublimes, tanto la de él (Patrick Wilson, cada vez soy más fan de este actor), como la de ella (Vera Farmiga, además de bordar todo lo que hace, esta atractiva mujer me chifla), o la que interpreta a la madre en esa casa maldita.
La banda sonora es de lo más acertada, con tenebrosas melodías que en todo momento elevan según que secuencias a la categoría de auténtico miedo.
No me atrevería a recomendársela a personas asustadizas. Para todos aquellos amantes del género, creo que es de visionado obligatorio, hasta el momento, la joya de la corona de un maestro que, ya hoy, empieza a crear escuela, pues numerosos directores han imitado su estilo. Lo que más destacaría de ese particular sello sería algo muy difícil de conseguir dentro del género: terror creíble.
Reto:
Mes temático del terror

La recomendación que hoy os traigo será agradecida por los fans de este género, pues hablar de Wan es sinónimo de calidad, un director sobradamente ya conocido por su sobresaliente estela (Saw o Insidious 1 y 2). De hecho, en lo que a terror paranormal se refiere me atrevo a decir con total seguridad que es lo mejor que ha hecho (Saw no entraría en esta categoría), y una de las mejores películas de terror de la década.
No es la primera vez que una historia parecida se lleva a la pantalla, ni será la última, sin embargo, es en la manera que se nos cuenta donde el director consigue hacernos partícipes de ella desde los primeros planos, sobrecogiéndonos con sutiles ángulos sombríos, poniéndonos la piel de gallina con sonidos de pesadilla en secuencias aparentemente cotidianas. A veces con el solo silencio, uno de los grandes protagonistas en su obra.
Hoy en día ya no se hace cine de terror como el de antaño, ese que acojonaba, que con un presupuesto ridículo paría verdaderas joyas, pesadillas para el recuerdo de un buen cinéfilo. Creo que James Wan es un digno sucesor de ese cine de antes, y pese a su corta trayectoria, un auténtico maestro capaz de crear algo genuino dentro de su campo, algo que, a diferencia de la mayoría de pelis del género, que a la semana de visionarse ya ha quedado en el olvido, trasciende en el tiempo, pues sus películas perduran en la memoria. Y en su buen hacer, siempre elegante, Expediente Warren es un claro ejemplo de ello.
En ella la fotografía y los efectos sonoros (algo que para hacer cine de terror es elemental) se conjugan con un dominio tan fluido y natural que, incluso en secuencias a plena luz del día, hará que en más de una ocasión peguemos un brinco o nos sintamos angustiados. Nos alertarán del peligro, nos distraerán como a niños pequeños una y otra vez, llevando nuestra atención a pormenores secundarios para, cuando creíamos que lo peor ya había pasado, agarrarnos de repente el corazón para acelerar nuestro pulso del susto, engañándonos pese a ser perros viejos en este tipo de cine.
La historia comienza contándonos uno de los muchos casos del matrimonio Warren, experto en cruentos sucesos paranormales, en concreto el de la muñeca Annabelle (supuestamente poseída por un espíritu maligno), y a la que la película dedica unos 5 o 10 minutos.
Debo decir que ya solo esta parte acojona.
Y este es solo uno de los muchos casos. A continuación se nos introduce en el caso actual, donde la madre de una familia atormentada y desesperada acude en su ayuda para que visiten su casa y vean con sus ojos lo que allí ocurre.
Las actuaciones debo decir que son sublimes, tanto la de él (Patrick Wilson, cada vez soy más fan de este actor), como la de ella (Vera Farmiga, además de bordar todo lo que hace, esta atractiva mujer me chifla), o la que interpreta a la madre en esa casa maldita.
La banda sonora es de lo más acertada, con tenebrosas melodías que en todo momento elevan según que secuencias a la categoría de auténtico miedo.
No me atrevería a recomendársela a personas asustadizas. Para todos aquellos amantes del género, creo que es de visionado obligatorio, hasta el momento, la joya de la corona de un maestro que, ya hoy, empieza a crear escuela, pues numerosos directores han imitado su estilo. Lo que más destacaría de ese particular sello sería algo muy difícil de conseguir dentro del género: terror creíble.
Reto:
Mes temático del terror









































